
Después de sesenta años, coinciden en la ciudad de Miami los nietos de los protagonistas de La Tremenda Corte, y se dan cuenta de que nada ha cambiado. Al igual que sus abuelos, acuden como acusadores, acusados y testigos y vuelven a ser noticia en los casos judiciales. Entre los protagonistas de este show están Zulema Cruz (Luz Ángela Nananina), Manolo Coego Jr (El Tremendo Juez) y Eddy Calderón (Rudesindo Caldeiro y Soliño, José Celedonio Trespatines III y el nieto del Secretario).
Sábados y domingos de 9:00 pm a 9:30 pm.
https://www.radiotelevisionmarti.com/z/389?withmediaplayer=1
La Moderna Corte
8 de abril de 2019
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El Directorio de la música que llegó para quedarse
29 de marzo de 2019

Platicando con un amigo de como me vacilaban en la 620 cuando pedía mis canciones. por ejemplo, pedía Star Wars, y me decían que no la incluían por que en español era "Guerra de las Galaxias" y cuando tocaba la letra G me decían que no por que comenzaba con el árticulo "La".
Me miró sorprendido el amigo y exclamó:
- ¿Cooooomo? ¡Que afortunado! Yo creo les caías bien por que se tomaban el tiempo de explicarte todo eso... a mi simplemente me colgaban o no contestaban -.
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Despido masivo a trabajadores por honorarios del IMER
20 de febrero de 2019

Más de la mitad de los empleados de las estaciones Reactor, Horizonte, Opus 94 están bajo este régimen que les genera incertidumbre
El clima de incertidumbre es lo que reina en el Instituto Mexicano de la Radio (IMER), luego de que el Gobierno federal manifestara la intención de cancelar los contratos de personal por honorarios en todas sus dependencias, los trabajadores temen por su sustento y también por las condiciones en que quedará la institución de radio pública, pues la mitad de los empleados está contratada bajo esa modalidad.
Erik Montenegro, productor de la estación de jazz Horizonte, de la cual es cofundador, publicó una carta abierta que encierra el sentir de muchos de los que laboran ahí.
En esta explica que con la cancelación de los contratos por honorarios para 2019 es muy probable que estén presenciando el fin de una historia radiofónica a la que califica como “maravillosa e increíble”. Agrega que el IMER debe ser “analizado con lupa, ya que se trata de un caso extraordinario donde la gran mayoría de colaboradores estamos contratados bajo ese régimen”.
Montenegro apunta que esto no solo ocurre en el IMER, sino en la mayoría de instituciones públicas, pues “tienen serios problemas de ‘aviadores’ y contratos apócrifos”. Y aunque reconoce que la medida tomada por el nuevo gobierno es comprensible, difícilmente será aplicable de forma contundente a todos por igual.
Iván Nieblas, cinco años como locutor en programas como Huele A Patas, Pandemonium y All Together Now
— Más allá de las cuestiones legales y laborales, el IMER perdería prácticamente a toda su fuerza de trabajo. Desde operadores y técnicos, hasta el talento detrás de los micrófonos. En muchos de los casos esos honorarios son cuasi simbólicos y hay mucha gente que trabaja gratuitamente, por el gusto de crear y mantener un espacio.
Mario Flores, tres años como locutor en Baño Vaquero y Meteorito
— Pues peligra el IMER, en realidad. Yo estuve por honorarios como conductor de mi programa, y por eso sé que fácil más de la mitad de la gente que trabaja en el IMER está así. En tres años no me dieron plaza. A mí no me afectó tanto porque tengo otros trabajos, pero hay gente que está prácticamente ahí todo el día y de eso depende su ingreso, su familia... Y de ellas depende el IMER, porque es gente muy capacitada en radio que lleva haciendo eso los años de los años.
Los gerentes de las estaciones echan mano de los contratos por honorarios para que funcionen las estaciones porque las plazas son muy pocas. He visto mucho la opinión de que deberían tener otras medidas en el IMER porque ahí no funciona con “aviadores”, como es un organismo pequeño no hay chance de que haya mucha corrupción con los trabajadores por honorarios. Y es cierto.
Pero como una infinidad de temas de la nueva administración, se nota una profunda ignorancia y desinterés en el funcionamiento de las cosas. Y más bien una necesidad casi patológica de dejar su huella de la cuarta transformación, como chivos en cristalería.
En resumen: si quitan a los de honorarios, el IMER se muere. En ese esquema hay programadores, locutores, operadores, etc.
Ver nota completa
https://www.mexico.com/politica/los-trabajadores-por-honorarios-del-imer-temen-por-un-despido-masivo/
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Radio Red en siIencio después de 60 años
19 de enero de 2019

El conductor radiofónico Jesús Martín Mendoza informó que la programación de la estación Radio Red Am 1110 de Grupo Radiocentro deja de transmitirse, durante los próximos “tres a cuatro” meses por cuestiones técnicas.
Martín Mendoza explicó que se trata de necesidades “propias de la empresa”, las cuales consisten en la migración de la antena transmisora y el transmisor con el fin de mejorar el servicio radiofónico. Este cierre, dijo Mendoza, no había ocurrido desde su fundación, hace 60 años.
Durante los meses que dure la baja, la barra de transmisiones podrá sintonizarse de diferentes manera. Una de ellas, vía streaming (en internet), la página web o la aplicación de Radiocentro.
Las transmisiones volverán a su normalidad en el mes de mayo. El locutor pidió a sus radioescuchas que no están familiarizados con la tecnología o el manejo de internet, solicitar ayuda de familiares. MM
AL AIRE

Si tienen suerte se puede escuchar aqui
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Se suicida Locutora de la BBC de Londres
9 de diciembre de 2018
Se ha dado a conocer el dictamen de las autoridades sobre la muerte de la locutora de la BBC llamada Vicki Archer luego de 4 meses que sucediera el hecho un 7 de agosto de 2018 alrededor de las 18:00 horas. Las autoridades concluyeron que se trató de un suicidio de la locutora del programa llamado ‘Shropshire’, el cual se transmitía de 15:00 a 19:00 horas.
Según lo reportado por el diario ‘The Guardian’, Vicki era conductora del espacio en radio, a lado de su compañero Adam Green, sin embargo el día que Archer decidió quitarse la vida, argumentó que se sentía ‘molesta’ y que debía ir a su casa a descansar. Todo esto sucedió alrededor de las 17:00 horas del día anteriormente mencionado.
La locutora de radio dejó repentinamente su transmisión en vivo, aun faltando dos horas de su turno. Su compañero y la audiencia quedaron desconcertados, acto siguiente, algunas horas después Vicki fue encontrada por su padrastro colgada en el ático de su casa alrededor de las 20:15 horas. Luego de que se diera aviso a las autoridades y a los médicos, a las 20:21 horas, la locutora fue declarada muerta.
Luego de varios meses de investigación, se supo que Archer sufría de depresión, ya que había tenido dos intentos de suicidio en ocasiones previas
Vicki Archer tenía 41 años al momento que decidió terminar con su vida y era madre de tres hijos.
Tomado de https://radionotas.com/2018/12/07/locutora-de-la-bbc-se-suicida-luego-de-programa-de-radio/
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La radio de Marilyn
2 de diciembre de 2018

Después de posar totalmente desnuda para la revista Playboy del mes de Diciembre de 1953, Marilyn Monroe,.comentó:
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Cuando su voz suena, la tierra tiembla.
22 de noviembre de 2018

Dos palabras suyas bastan para arrebatarle la tranquilidad a millones de personas en Ciudad de México. Sucedió durante los pasados sismos del 7 y 19 de septiembre. Sucedió el viernes 16 de febrero y la madrugada del lunes 19.
“Alerta sísmica, alerta sísmica, alerta sísmica, alerta sísmica”, repite cuatro veces, con un zumbido perturbador de fondo, la voz que forma parte del catálogo sonoro de la ciudad: la de Manuel de la Llata García, actor de doblaje y locutor.
Cuando el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES) creó el sonido de la alerta en 1993, él ya tenía 25 años de carrera. Lejos habían quedado los días en que le rezaba a san Judas Tadeo para encontrar trabajo; vivía con holgura de la leyenda que había forjado desde 1965, cuando con 21 años llegó de Querétaro a Ciudad de México y se abrió paso con su voz en el mundo de la actuación.
La voz de la alerta sísmica ya estaba acostumbrada a salvar personas, al menos en la ficción. De la Llata había conseguido que lo eligieran para doblar al español a Clark Kent, interpretado por Christopher Reeve, en la primera película de Superman: The Movie, en 1978.
Quienes lo conocían por primera vez, cuentan sus colegas de doblaje, se sorprendían por el contraste: media 1,68 de estatura y era flaco, pero tenía una voz grave y una dicción precisa que le permitían doblar personajes con galanura. De ahí que le asignaran el papel de Han Solo en una de las versiones que se doblaron de la primera película de La guerra de las galaxias.
“El adjetivo que utilizábamos para describir su voz era aterciopelada”, recuerda Carlos Segundo, una estrella mexicana de doblaje que ha interpretado a Alf, Goofy, Piccolo de Dragon Ball y Woody de Toy Story. Segundo conoció a De la Llata cuando coincidieron en CINSA, una de las primeras empresas de locución en México.
Durante los años setenta, Manuel de la Llata fue la voz del jefe de Los Ángeles de Charlie, uno de los programas televisivos que más le dieron prestigio. También fue pionero en el cine animado, pues participó en el primer largometraje hecho en México, cuyo guion fue escrito por Rosario Castellanos: Los tres Reyes Magos. Ahí le dio voz a Melchor.
Moisés Palacios, quien ha hecho la voz de Fozzie (o Figaredo) de Los Muppets y del Tío Lucas en Los Locos Addams, lo recuerda con admiración. Y también como ejemplo: además de su voz, cuenta, se le conocía por ser disciplinado, llegar puntual a sus llamados y dejarse dirigir sin problemas.
“Llegué al doblaje en el año 1977 y Manuel de la Llata ya estaba instalado como una de las grandes estrellas”, dice Palacios. “Un gran actor radiofónico primero y del doblaje después. Un gran locutor, el más contratado en su época. Todos querían que anunciara sus productos”.
A partir de los ochenta, De la Llata cambió el doblaje por la locución de comerciales, una actividad mucho más redituable. Su voz tenía la versatilidad para anunciar desde champú hasta las criptas en la Basílica de Guadalupe.
Una de las historias que se cuentan sobre él dice que, en una ocasión, el locutor acudió a un banco en la plaza Perisur, al sur de la ciudad, y se puso a conversar con un conocido sobre el comercial de las criptas. Entonces una mujer los escuchó y se acercó.
“¿Usted es el que anuncia las criptas guadalupanas?”, le preguntó. “Pues con esa voz sí dan ganas de morirse”.
Una voz y un misterio
Rastrear el trabajo de locutor de comerciales de Manuel de la Llata es una tarea laberíntica: cultivaba un bajo perfil, incluso cuando era una celebridad del doblaje. Se negaba a dar entrevistas, rehuía de los admiradores y rara vez asistía a reuniones.
Meses después del terremoto de 1985, un grupo de especialistas, junto con autoridades, formó la asociación civil Centro de Instrumentación y Registro Sísmico con el objetivo de crear la infraestructura necesaria para detectar sismos. Una vez anticipada la amenaza decidieron que se enviaría una alerta a la capital. El entonces llamado Distrito Federal aún no tenía altavoces en las calles, por lo que se propuso que todas las radiodifusoras emitieran la alerta.
Manuel de la Llata era en esa época el locutor institucional de la Asociación de Radio del Valle de México (ARVM), explica Carlos García, gerente actual de la asociación, donde trabaja desde 1991.
“Se le pidió que participara en la alerta. No hubo casting, fue decisión directa. Lo que querían era un sonido que no fuera de catálogo, que fuera original y difícilmente reproducible”, cuenta García, uno de los pocos colegas que conocía sobre la participación de De la Llata en la alerta sísmica.
Casi ninguno de sus colegas conocía sus inicios… ni estos supieron por qué abandonó todo a finales de los noventa.
Aunque se sentía orgulloso de haber sido útil a la comunidad, De la Llata nunca se jactaba de sus trabajos: discreto, reservado y amable son las palabras que más usan quienes lo conocieron para describir al hombre que anuncia los terremotos. No era huraño, pero su excesiva formalidad, su vocabulario y la diligencia al conversar evitaban que indagaran en su vida privada.
“Hasta para reírse lo hacía con propiedad”, recuerda María Eugenia Guzmán, quien compartió estudio con Manuel de la Llata en Los Ángeles de Charlie.
Guzmán sabía que su colega había comenzado a probar suerte con su voz después de la muerte de su padre, apurado por las dificultades económicas. Pero su talento parecía evidente. En los sesenta era obligatorio conseguir la licencia de locución para poder trabajar, y el examen era riguroso. Además de tener buena voz había que saber de muchas disciplinas y los aspirantes solo tenían tres oportunidades de pasar el examen. Él lo pasó al primer intento, cuenta Guzmán.
A pesar de su reputación, De la Llata era tan reservado que lo mismo podría haber llegado de otro planeta: casi ninguno de sus colegas conocía sus inicios… ni estos supieron por qué abandonó todo a finales de los noventa, después de tres décadas de carrera.
Uno de los pocos que llegó a conocerlo más de cerca fue Salvador Nájar, una institución del doblaje en México, quien le dio la voz a personajes como la Rana René y Luke Skywalker y participó en el club de Mickey Mouse. Además de tener seis décadas de carrera, Nájar es historiador del doblaje en el país.
Para los libros que ha publicado al respecto, Nájar se dio a la tarea de develar los rostros detrás de personajes entrañables. Fue entonces cuando descubrió con tristeza que no existían fotografías de De la Llata. Solo conserva el recuerdo de su personalidad encantadora y de haber conocido su casa en el sur de la ciudad, una prueba de lo cercanos que eran: “Casi no invitaba a nadie. Toda su casa parecía una iglesia. Creo que le decían la Capilla. Era un hombre muy religioso”.
Quienes accedieron a hablar sobre él se negaron a decir cosas sobre su vida privada. Nunca tuvo hijos ni se casó. Pero todos coinciden en algo: Manuel de la Llata se pondría furioso si supiera que alguien indaga sobre él.
El retiro
Lo único que permitió rastrear a De la Llata fue su muerte. El 14 de junio de 2016 sufrió una embolia cerebral y murió a los 72 años. En su acta de defunción figura el domicilio donde pasó sus últimos diecisiete años de vida.
Rancho El Carmen está ubicado en un municipio de Querétaro. La casa se distingue a lo lejos por una cúpula con una cruz. Sobre las paredes de ladrillo resaltan las imágenes religiosas: santa Rosa, san Antonio de Padua, una Virgen de Guadalupe de dos metros de alto.
José Luis, el hombre que compartió con él las últimas décadas de su vida, aceptó hablar con la condición de que no apareciera su apellido. Delgado y de bigote abundante, aparenta menos edad que sus 72 años. Se conocieron cuando eran adolescentes.
“Nunca pensé venirme a Querétaro a vivir, sino por el entusiasmo que teníamos por ver por el futuro tanto de Manuel como mío”, explicó. “Previendo la edad, el retiro, pensamos que era un acierto invertir en este tipo de cosas”, dice sobre el rancho.
La razón de su desaparición parece predecible: estaba harto de la ciudad, el tráfico, el estrés. Prefirió estar pendiente de la ordeña de las vacas y la cosecha.
En una ocasión, un grupo de fanáticos del doblaje quiso visitar el rancho para conocerlo. José Luis estuvo a punto de invitarlos, pero De la Llata lo detuvo: “Ni se te ocurra porque yo no salgo a verlos. No me interesa”, dijo tajantemente. Aunque se sentía agradecido por haber contribuido a crear la alerta sísmica.
“Decía que se sentía complacido que lo hubieran elegido para poder servir a la comunidad”, comenta José Luis, quien estaba con él en Cancún cuando fue el terremoto de 1985.
Manuel de la Llata tenía las credenciales para ocupar un lugar importante en el doblaje, pero lo dejó para sembrar zanahorias. Nunca hizo alarde de su carrera. Tal vez el único desplante de vanidad que tuvo sucedió en una iglesia de Quintanares, en Querétaro, donde una vez lo invitaron a leer pasajes de la Biblia. Dado que la acústica era deficiente, se negó a continuar. “Se escucha terrible”, dijo, para nunca volver al atril.
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La Oveja Negra
14 de octubre de 2018
En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
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Mariano Osorio, el locutor favorito de México
27 de septiembre de 2018

Se llevó a cabo la Premiación de Marcas de Confianza 2018 organizada por Reader’s Digest. Dicho evento fue celebrado en la Ciudad de México en la Hacienda de los Morales, en donde se dieron cita múltiples CEO’s de marcas reconocidas y también importantes personalidades del mundo de la comunicación.
Algunos de los invitados especiales fueron Mariano Osorio, Cristina Pacheco, Sergio Sarmiento, Carmen Aristegui y Toño de Valdés, quienes fueron reconocidos por labor en la televisión o en la radio y por su aportación cultural, noticiosa o de entretenimiento que lo ofrecen a México.
En este 2018, Mariano Osorio fue reconocido por sexto año consecutivo con el galardón ‘Locutor de Entretenimiento Favorito de México’, por su programa ‘Hoy con Mariano’. El encargado de la entrega de este premio, fue Francisco Zea, quien dijo: “Es un gran ser humano, que ayuda, sensible, que cuando lo escuchas convence. No por nada es el que tiene el mejor rating en este país…”.
Por su parte, Mariano expresó en su mensaje de agradecimiento, lo siguiente
: “Este es un momento muy especial en mi vida por muchas razones, hay muchas cosas que tengo que agradecer; primero que nada a todo el equipo de Selecciones Reader’s Digest y a mis seguidores por darme su confianza. A pesar de que son seis años consecutivos, no deja de ser una sorpresa y eso reafirma el compromiso con el público todos los días”.
Tomado de: radionotas.com/2018/09/24/mariano-osorio-es-elegido-como-el-locutor-favorito-en-mexico/
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Cuando tienes un amigo millonario y quiere que Travolta se presente en su evento
16 de septiembre de 2018
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En que lios te metes Toño
27 de agosto de 2018
Un estreno de Alfa Radio
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No compren Alcatel 1050A
18 de julio de 2018

El teléfono que lo tiene todo... a medias.
Tiene cámara....pero es VGA
Tiene grabadora de audio... pero graba mal
Tiene señal Telcel... . pero se escucha bajo
Tiene modo silencioso... pero no tiene vibrador
Tiene manos libres... pero el micrófono se escucha pésimo
Tiene radio... pero necesita audifonos para funcionar
Tiene batería... pero dura poco
En el sitio web de Alcatel hay muchos manuales de usuario... menos para este modelo
Tienen servicio técnico via web... pero no resolvieron mi problema
y lo peor...
Tiene conexión USB pero solo funciona para recargar la batería NO SIRVE PARA DATOS
Si quieren meterle música o alguna otra información solamente le quitan la tapa, la batería, la memoria Micro SD y la conectan directo en su computadora.
Elegí esta marca por que mi teléfono anterior era Alcatel y nunca dió lata, hasta que falló por el uso cotidiano.
Al buscar el reemplazo de la misma marca me encuentro que la calidad de sus equipos no Android ES PÉSIMA
Contacté al soporte técnico y solo me respondieron "USE CABLE DE DATOS, NO DE CARGA", con mucha amabilidad, eso si
Y me pidieron llenar una encuesta para "mejorar el servicio", creo no les gustó lo que respondí por que ya no recibí contestación.
Solo quiero decirle a Alcatel que las marcas que no cuidan su calidad terminan por bajar sus ventas... ¿Verdad Nokia?.
Lo positivo
La lámpara enciende.
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Sueños de Cassette
8 de julio de 2018

De todas las muchas cosas que he perdido en la vida, aquella a la que más extraño es una vieja cinta magnetofónica con etiqueta y revestimiento blancos, recibida de manos de mi tío, a mis cuatro años. Un cassette para grabar. Eso fue en 1980.
No creo que nadie distinto a mí lo tenga presente, y dudo que a alguien más pueda resultarle interesante, pero por muchos años ese simple artefacto constituyó mi más preciada posesión.
La caja plástica rectangular en donde mis primeros grandes afectos estuvieron almacenados. Tenía un logo muy típico de aquel tiempo, con la marca ‘Compact Cassette’ y algunos gráficos futuristas muy propios de su tiempo.
Comencé a interesarme en serio por la existencia de algo llamado artes musicales debido a dos eventos importantes. Uno fue mi asistencia a una función de la película ‘Flash Gordon’ en el teatro Royal Plaza, en cuya escena principal aparecía Sam J. Jones, su protagonista, sobrevolando el cosmos en una especie de motocicleta aérea mientras se oía la canción de Queen compuesta para tales efectos, y salvando la Tierra.
La otra fue un sencillo al que oí sonar por Radio Fantasía (de Álvaro Monroy Guzmán) con el patrocinio de Disco Club (todas las ondas en música), titulado ‘Whip it’ e interpretado por Devo. Ambos sucesos están -sin duda- en la lista de sucesos relevantes de infancia.
Aún en el FM bogotano no había más que dos posibles opciones, a saber, la acartonada Radiodifusora Nacional de Colombia (a donde el destino me llevaría 20 años después) y la entonces estilizada Caracol Stereo. Por tanto la Amplitud Modulada seguía moldeando las predilecciones musicales de quienes oíamos radio.
Un día -gracias a ello y sin que nadie me lo enseñara- me di a la tarea autodidactica de aprender a maniobrar la grabadora Silver con vúmetros y agujas del tío. Supe que Radio Fantasía estaba en los 1550 del AM, y me convencí de que nadie en el planeta tenía mejor voz que el señor Monroy Guzmán, cuyo rostro no alcanzaba a imaginarme.
Todas las ondas en música
A través de Fantasía fui oyente y testigo de los milagros de la radiodifusión y de la perpetuación del sonido a través de los soportes grabados. De la mágica posibilidad de dejar registro de lo ocurrido una vez ello ya no fuera más. Sólo hacía falta oprimir la tecla adecuada.
Desde entonces -a mi regreso del Jardín Infantil Federico Froebel, y tras ver el capítulo diario de Plaza Sésamo- dediqué mis tardes de largo ocio a ubicarme frente al mencionado dispositivo para esperar a que emitieran las canciones de las que gustaba.
Oía ‘Pilot of the airwaves’, ‘I can’t tell you why’, ‘Keep on loving you’, ‘Don’t stand so close to me’, ‘Games without frontiers’, o el tema de ‘Los Dukes de Hazzard’, y algunos otros clásicos cuyos nombres podría recitar sin mucho trabajo. Y me aprestaba a oprimir el botón de pausa, siempre en atenta espera, para volverlo a accionar, con el propósito de registrar los éxitos del momento.
Fue tal mi pasión que mi tío (13 años mayor que yo) terminó por regalarme uno de sus preciados cassettes, para que en mi afán infantil pudiera hacerme a las melodías de mi gusto.
Así las cosas comencé a destinar mis sábados, no a oír Canticuentos, sino a menesteres un tanto más impropios para mi edad. A la juiciosa grabación de ‘Las 100 fantásticas’. A la atenta espera, para llevar precisos registros de los listados de aquel lejano entonces. A imaginarme cómo demonios era ‘El patico discotequero’. Y a rogar porque el señor Monroy Guzmán no activara el pisador ese de ‘Fantasía’, en medio del punto más orgásmico de la canción.
No obstante, y puesto que no siempre alcanzaba a desactivar la mencionada pausa a tiempo, en muchas ocasiones alcanzaron a colárseme cuñas, cápsulas, empates y material de autopromoción, a los que con el tiempo comencé a apreciar tanto como a la música misma.
Mi primer cassette
El primer cassette prensado que compré fue de Devo, precisamente, y llevaba por título ‘New tradicionalists’. Me decepcioné al oírlo porque ‘Whip it’ no estaba por ahí, aunque ‘Working in a coal mine’ y ‘Through being cool’ comenzaron a rivalizar con la primera por mi favoritismo. Fue un regalo de mi mamá, adquirido en el almacén Discos Bambuco de Unicentro. Al dependiente, sin duda, debió resultarle inusual mi petición.
Ya en mis días de colegio (justo dos años después) tomé la costumbre de llevar ese mismo cassette (el que me había regalado mi tío, siendo aún un párvulo, con el audio de Radio Fantasía) para fanfarronear.
Creo que alguna vez, sin notarlo, lo dejé caer de mi maleta. Y así fue cómo mi más incunable recuerdo terminó por desembocar en ese lugar a donde se van esas cosas que no conocen el camino de vuelta. Todavía hoy me culpo por haberlo extraviado.
De consuelo me regalaron la primera edición en LP del ‘Llena tu cabeza de rock’ prensada en Colombia por la CBS, en 1982, en donde estaban ‘Working for the weekend’, de Loverboy, y ‘You drive me crazy’, de Shakin’ Stevens, mis dos cortes favoritos del álbum.
Y aunque comencé desde entonces a coleccionar discos de larga duración, durante la mayor parte de mi infancia y mi juventud mis más grandes fetiches siguieron siendo los cassettes.
Cassettes grabados de radio, en donde los compases iniciales de las canciones solían estar cortados por mi escasa capacidad de reacción a los estímulos auditivos o por la antesala protocolaria del DJ. O con canciones extraídas de discos prestados, después de muchos ruegos elevados ante el cosmopolita compañero de colegio que iba a Inglaterra o a Estados Unidos y llegaba con algún compilado de ‘chart busters’ para suscitar toda nuestra envidia.
En 1984, gracias a la generosidad de mis y abuelos maternos, quienes viajaron al Cono Sur en algún momento del año, fui bendecido con una especie de grabadora portátil Sony -muy pequeña y equipada con la posibilidad de registrar el sonido ambiente- así como también lo que proviniera de la radio incorporada de la que disponía.
El fetiche
Ya desde antes yo grababa todo cuanto podía. Mi voz improvisando canciones, en un inglés que no eran más que sonidos onomatopéyicos balbuceantes y sin significado. O salía con una grabadora de reportero a las calles para aturdir a algún transeúnte con mis preguntas.
O llevaba registros de los programas de Hernán Orjuela, o de Leslie Abadi en HJJZ. De la identificación horaria del ‘Time on my hand’ de Fantasía. De la versión traducida simultáneamente de ‘We are the world’ de Radio Tequendama. De los entonces ’30 Superéxitos de 88.9′, presentados por Carlos Alberto Cadavid.
Del insomne y solemne “Escucha: hay magia en el aire”, también en su voz, que con ‘Total eclipse of the heart’ identificaba la ‘canción de medianoche’ de 88.9. De la transmisión de ‘Los 10 mejores de la música’ en simultánea por esta frecuencia. Del ‘sonido láser: el sonido del futuro, de Stereo 1-95 FM’ en los 94.9. Del ‘American Top 40’, de Casey Cassem.
Y más adelante del ‘Top 40 Radioactiva’. De los ‘Surcos del pop’, de Caracol Stereo. De ‘Vía 103.9’, transmitido todos los domingos en directo desde la ciclovía. De Willi Vergara y su ‘Roots, rock reggae’, y de Troller y su ‘Último tren a Londres’. De Radio Tequendama y su ‘Six Ten AM de la Capital”.
También de algunos otros espacios aún menos cercanos a mis intereses de generación, tales como el ‘Ayer moderno’ de Radio Reloj, presentado por Juanito Monroy, los ya agonizantes capítulos de ‘La ley contra el hampa’, los consejos para el corazón de doña Hilda Strauss, o los clásicos de la guasca en presentación del legendario y ya fallecido Ciego de Oro. Me entusiasmaba la idea de no dormir para grabar cosas del radio.
Mi infancia y mi adolescencia, hasta bien entrados los 90 del siglo XX, fueron una constante compilación de cassettes en los que quedaron consignadas algunas de las cosas que más quiero. En donde hice mis propias compilaciones caprichosas de mis bandas favoritas, siempre apoyado en el equipo estereofónico y en el tornamesa Sansui de la casa.
Hubo tantos cassettes a los que amé.
Alta infidelidad
Los recuerdo de muchos colores y características. Desde los Sony de color verde, lanzados al terminar los 70, hasta los Pioneer negros de principios de los 80.
Desde los Maxwell verdes del comienzo de dicha década hasta los Sony azules del final. Desde los Normarh hasta los Sankey baratos. Desde los Pioneer transparentes del mediados de los 90 hasta los más costosos y exóticos -los metálicos y los de óxido de cromo (lujos que en ocasiones nos permitíamos)-. Los C-60. Los C.90. Los C-120 (cifras estas correspondientes a la duración de cada uno y proporcionales al grosor de la cinta).
O los Maxvall, profano remedo de los Maxwell, hechos en Pereira. Todos los ‘decks’ (así se llamaban) tenían tres modos: “Normal, High y Metal. Y los más sofisticados contaban con la cuarta opción de Cro2. Algunos los resumían como Type I, Type II, y Type III. Y con otra buena cantidad de referencias que hoy parecen un código cifrado de terrorista aéreo.
¡Y sonaban tan bien! La mayoría venía provista de unos autoadhesivos para etiquetarlos, y de una cartulina para numerar la lista de canciones contenidas.
La costumbre de entonces consistía en de acudir a la generosidad de alguna compañera de colegio con buena letra, para que nos ayudara a marcarlos, aunque ello implicaba el tener que deletrearle los títulos de las canciones en inglés, para que no fuera a equivocarse. Escribir una palabra en forma incorrecta no estaba admitido por los códigos de ética de los melómanos. Los más creativos solíamos hacer nuestras propias obras pictográficas de vanguardia, con ‘flumasters’, sobre su superficie, y atemorizantes representaciones personales del muro de Pink Floyd, de la lengua de los Stones o del rayo que separaba a las siglas AC/DC.
Y llegó el 88
Dos de los años de mi vida a los que recuerdo con más nostalgia fueron 1988 y 1989. Por ese entonces quise ser mayor, tan solo para hacerme ‘disc jockey’ y tramitar mi licencia de locución. Pero sólo tenía 12.
Oír a Jorge Marín, a Alejandro Villalobos, a Tito López, a Andrés Nieto, a Willi Vergara, a Daniel Casas o a Andrés Durán (estos tres últimos, los más grandes), me hacía pensar que no había sobre la tierra profesión más entretenida y digna que la de compartir mi música con el resto de la humanidad.
De entonces debo tener unas 10 ó 15 grabaciones de mí mismo tratando de sonar como ellos. Empatando una canción de Bananarama con otra de The Who. Haciendo mi propio ‘Zoológico de la Mañana’ o contando mi propia historia musicalizada de los Beatles, con entrevistas tomadas del audio del documental televisivo ‘The Compleat Beatles’.
Esa era mi esperanza profesional. Trabajar en ‘LP Loca Pasión’ o en ‘FM Stereo’, con Enrique París, Tulio Zuluaga, y Luz Elena Villegas. Cubrir los conciertos de Miguel Mateos y Prisioneros. Representar a don Fulgencio y a Carlota. Ir a los Grammy. Ser, como Fernando Pava, el jefe y el único miembro activo de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación. Ser el rey de la fiesta en ‘Disco Nice’, con Tulio Zuluaga, Chucho Benavides Show y su High Energy.
No sé si hoy el mundo me importa menos o si olvidé cómo sorprenderme, pero dudo que la radio bogotana vuelva a vivir semejante momento. Y no creo que Pacho Cardona, Juanita Kremer o Montoya tengan el talante de quienes les precedieron hace 20 años.
Un ‘walkman’ por cerebro
Tener un ‘walkman’ y contar con un arsenal de cassettes bien grabados fue en los 80 y en los tempranos 90 del siglo XX un emblema de grandeza. ¡Cómo olvidar aquellos días en los que celosos resguardábamos nuestras cintas de la posibilidad de que alguien se atraviera a copiarlas mediante algún artefacto con doble cassettera de última tecnología!
Mi creciente interés por los Beatles (de los que me hice fanático en 1984, a mis ocho) y a quienes debo mucho de lo que soy, me fue llevando, de manera gradual a rechazar las corrientes mayoritarias del momento.
Conocer al maestro Luis Villa Hinojosa -quien pese a tener 23 me hizo su amigo- me condujo por senderos progresivos ajenos a aquellos a los que los de mi edad me convocaban. Me encontré con Genesis, con Gentle Giant y con Jethro Tull. Alan Parsons, a quien conocí por el ‘Eye in the sky’ de 1982, era mi segundo favorito. Y así, a medida que mi posición se iba radicalizando, mis cassettes tomaron un cariz más oscuro, inspirado en lo que yo imaginaba que estaba sonando en los bares a los que aún no podía entrar.
Me hice cliente de los vendedores de cintas de la calle 19. Y me convertí en comprador habitual de discos importados, de álbumes de segunda y de grabaciones piratas, marcadas con regleta y vendidas en San Andresito o en las casetas del Centro, por lo general decoradas por la silueta de una guitarra. Títulos correspondientes a artistas que no sonaban en radio. Y que me hacían sentir exótico e inteligente. Serú Girán. León Gieco. The Animals. Iván y Lucía. Ultravox.
Era de quienes se negaban a prestar sus cintas de Siouxsie and the Banshees, de Jesus & Mary Chain, de The Cure, de Sex Pistols o de The Smiths, porque ello habría de ‘caspearlas’ (fea expresión a la que no acudiría si no fuera tan diciente, ilustrativa y dotada de fuerza histórica). Ingenuo, me creía parte de una excepcional élite ‘underground’ del buen gusto musical. Pero no me arrepiento.
¿Quién no recuerda las cintas mal grabadas de rock argentino, cuyo sonido opaco hacía más difícil el sentir amor alguno por estos sonidos un tanto exóticos ¿O lo aborrecible que podía parecernos oír a Air Supply por su extrema blandeza o a Silvio Rodríguez, por su extrema mamertada?
El rito de la cinta
Qué buenos eran los cassettes. Qué bueno era ese contacto fetichista con la música análoga. Sufrir al término de la cinta (a los 28 minutos) para que cupiera esa última canción y contar los surcos del disco o los segundos, esperando que ello fuera posible. Sumirse en el ritual maravilloso de desenredarla, ayudándonos con un lápiz.
Proteger el material contra borrado, removiendo las pestañas plásticas ubicadas a ambos lados de su esquina superior. Encontrar grabadoras en las que los cassettes debían introducirse al revés. Comprar un ‘walkman’ autoreversible o un Sony Sports y alardear de su revestimiento a prueba de agua.
Desatornillar los cassettes para refaccionarlos, en un desesperado intento por no perder su contenido. Aprender el truco de cortar la cinta arrugada y luego volver a pegarla con cinta adhesiva.
Repararlos, cuando la fina tira metálica recubierta por una plaquita de fieltro se hundía o cuando el fieltro se le despegaba. Enderezar la lámina de cobre que había debajo. Evitar comprar cassettes sin tornillos porque eran irreparables.
Aprender que una de las formas de diferenciar al lado A del B, si éstos no estaban marcados, era fijarse en cuál de los dos tenía los necesarios tornillos al frente.
Quejarnos del mal sonido después de haber regrabado 10 veces, o de grabar a partir de una copia de una copia de otra copia. O incurrir en la tendencia esquizofrénica y automática de adelantar o a atrasar la cinta para volver a oír, en ‘loop análogo’ la canción que más nos gustaba. Limpiar las cabezas con un copito de algodón o con un cassette especial destinado a tal fin. La temida desmagnetización.
Sufrir la angustia de ver tus cintas atascándose en el radio del automóvil, porque extraerlas de ahí era un proceso riesgoso de alta ingeniería cuya realización requería de manos expertas. Quejarse porque dichos pasacintas carecían la opción de Rec (pues al fin de cuentas los vehículos estában hechos para movilizarse y no para grabar música).
Esconder los audífonos de la vista del profesor, porque en algunos colegios el reglamento ordenaba decomisarlos.
Ponerse de uno de los dos lados en medio de las luchas entre los bandos tropicalistas en los paseos de colegio para definir si debía optarse por un cassette de merengue o de hard rock en la ruta al Zoológico de Santa Cruz. Por si debíamos acompañarnos por los New Kids o por The Cure. O por Wilfrido o Quiet Riot. O por Ricardo Arjona o los Stone Temple Pilots. Fueron días de conflictos.
Autorreversible
Cuando llegó el disco compacto y comenzamos a vernos abrumados por esa suerte de invento del futuro, cuya apariencia se acercaba a nuestra percepción estereotipada de lo que habría de ser el siglo XXI, que aún nos parecía lejano, el cassette comenzó a perder brillo.
Y ello empezó a hacerse evidente cuando, por ejemplo, se inventó esa especie de dispositivo idéntico a un cassette convenciona, con el que el que el reproductor de discos compactos de automóvil podía conectarse por cable al de las cintas.
Al principio, amparado en argumentos ingenuos me negué a considerar como un hecho el que un día el cassette fuera desplazado por el CD. “En los discos no se puede grabar -me consolaba pensando-. En los cassettes sí”. “Los discos compactos son mucho más costosos que los cassettes”. No obstante el mercado y su crecimiento impredecible me silenciaron. Y a mí mismo, abrumado por la nueva generación de discos compactos grabables comenzó a dejar de importarme.
Hoy dudo que la mayoría de quienes lleven menos de 15 a cuestas tengan idea siquiera de cómo demonios se maneja tan anacrónico e impráctico dispositivo llamado cassette. Dudo que sepan que cuenta con dos caras y que algunos reproductores de última generación alcanzaron a disponer de un sistema para reconocer las pausas entre canciones. Eso lo hacía mi deck Sansui de 1982.
Creí, como muchos que el DAT sería su noble sucesor. Pero eso no fue así. Ya para 1997, llevar cassettes grabados era un anacronismo, que más que excentricidad parecía denotar pobreza. A no ser, por supuesto, que aún fueramos aspirantes a músicos llevando sus demos hasta las generosas manos de Héctor Mora, para que él, sin arrogancias, los hiciera sonar en ‘4 Canales’ de 99-1.
Hoy todos defienden al vinilo. Pero pocos recuerdan a su hermano menor y menos afortunado, el cassette de antaño.
El archivo
Aún mis sueños de cassette siguen almacenados en una nevera color naranja de los 60, adaptada para bodega. Aguardando por el día en que decida transubstanciar su espíritu magnético al digital, para que no se queden ahí, muertos, como testimonio de la radio, los sonidos y las canciones viejas que oímos hace 20 ó 35 años.
Los más antiguos y valiosos se me perdieron. No tengo en mi colección ningún registro de Radio Fantasía, ni de Tequendama, ni de la entrañable HJJZ. Tampoco de mi voz aún infantil.
Pero aún me aferro al anhelo de que alguien en la tierra los haya guardado. Eso espero. Eso quiero creer.
Para que una vez nos vayamos, el mundo sepa que ellos acompañaron las tardes misántropas de adolescencia de muchos de los que hoy tienen mi edad, o son mayores que yo. Que ellos fueron la banda sonora de esos días, mezcla de incertidumbre y ambiciones aplacadas por la severidad de los días y los años, adormecidos y sobrellevado por nuestros desaparecidos sueños de cassette.
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Felicitaciones de Maradona
3 de julio de 2018
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Acustik llega la radio de la CDMX a través del 560 de AM
18 de junio de 2018
Grupo Acustik, una empresa del Sur-Sureste, conviene con Grupo Radio Digital su ingreso a la Ciudad de México, la joya de la radio nacional, y para ello contrata a los populares Javier Solórzano, Brozo y Fernanda Tapia.
La industria de la radiodifusión mexicana escucha cada vez con más fuerza el nombre de un nuevo actor. Sus primeras señales se empezaron a oír en el Sur-Sureste de la República hace más de un lustro y desde ahí han ido expandiéndose al resto del territorio nacional. No es un grupo radiofónico comandado por principiantes, sino por empresarios muy reservados que contratan a estrellas del micrófono, se alían con radiodifusores locales o compiten en licitaciones de AM/FM del IFT para avanzar. El más reciente de esos ingresos ha sido en la Ciudad de México para conformar pronto una nueva cadena nacional de radio.
Su ingreso al mercado de radiodifusión más importante de todo México también ha sido de manera discreta: Grupo Acustik entró a la radio capitalina desde la primera orilla de la banda de amplitud modulada hace unas semanas; a través de Radio Chapultepec 560 AM, controlada por Grupo Radio Digital, pero cuyos acuerdos comerciales con Acustik empatan en los planes de ésta de construir en el corto plazo una red de alcance nacional con alrededor de 150 estaciones, entre propias y afiliadas, transmitiendo sus productos y a las que pretende llevar las voces de reconocidos líderes de opinión, de música en radio o del entretenimiento masivo.
Grupo Acustik fichó al reconocido periodista Javier Solórzano, que en la capital ya transmite cada tarde desde una emisora de escaso rating y mala recepción como lo es el 560 de AM. También sumó al conductor Víctor Trujillo, quien aparece por las tardes-noches en las pantallas y bocinas de Acustik con su personaje Brozo; los comunicadores Fernanda Tapia y Alejandro Cacho forman también parte de su parrilla y para asegurar el contrato con éste último, el grupo se alió con el periódico El Heraldo de México donde escribe Cacho.
El grupo es un jugador de radio, televisión y multimedia. Está atrás del perfil La Neta Noticias en Facebook, con 8 millones de seguidores. En su página web institucional presume un alcance de 35 millones de mexicanos a través de todos sus canales de comunicación y aunque su origen estuvo en Quintana Roo, acaba de abrir una oficina en la Ciudad de México, sobre Paseo de la Reforma, donde le faltaba incursionar.
Previo a su arribo a la capital, ya había construido una red más allá de las 40 estaciones propias gracias a la licitación IFT-4 del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), en las que la empresa participó como el postor Akustik Media, S.A.P.I. de C.V., con los empresarios Erika Fernández Goya, Pablo Gutiérrez Fernández, Rafael Manuel Obregón Carrera y Edgar Ernesto Hendricks Rubio como líderes del grupo; y de esos ejecutivos también compitieron por frecuencias del IFT como integrantes del postor Escápate al Paraíso, S.A. de C.V.
De Cancún a Chihuahua, de Veracruz a Culiacán o de San Luis Potosí a Oaxaca, Grupo Acustik ha ido construyendo de manera muy discreta su red nacional de emisoras sobre 18 estados. Sólo le faltaba un espacio en el Valle de México. En esta plaza, el espectro disponible para nuevas estaciones de radio es escaso, aún con las modificaciones técnicas al tamaño de los anchos de banda que funcionan como separaciones entre estación y estación.
La autoridad reguladora ha confirmado que en el corto y mediano plazos no tiene pensado licitar espectro para AM y FM en la capital del país, por lo que un interesado en entrar a este negocio en la ciudad tendría que hacerlo a través de la modalidad del arrendamiento de una frecuencia, la compraventa de tiempo aire o con la absorción definitiva de una emisora ya en operación.
En cualquier caso, las opciones son diversas. Grupo Acustik podría interesarse por un canal digital de otro grupo radiofónico en la banda de FM, en caso de que su interés sea expandirse más allá de las ondas de Radio Chapultepec. Grupo Radio Centro, el IMER y Grupo Radio Fórmula ya cuentan con canales HD de los que pudiera echar mano el Grupo Acustik.
https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Acustik-llega-la-radio-de-la-CDMX-a-traves-del-560-de-AM-20180212-0058.html
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Me cae bien Toño Esquinca
9 de junio de 2018
Me cae bien por que la radio debe ser rebelde, al estilo de Adrian Cronauer de "Buenos dias Vietnam" o Howard Stern,
Que lo que diga puede ser adecuado o no, eso es otro tema.
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